Hoy por la tarde ha sucedido una masacre en un supermercado barcelonés. Los pocos testigos que han sobrevivido al horror declaran haber visto a una figura demoniaca bajita con ojos llenos de ira y furia asesina maldiciendo al personal de la tienda y haciéndoles tragar todos los productos rebajados a 3×2 (productos de limpieza incluidos). Por lo que se ve la crisis se ha desatado cuando un chico del personal que hacia encuestas a los clientes a preguntado a la sujeto Pitufa:
- Perdón, ¿eres madre?
Con contestar un simple “Pos va ser que no” habría bastado pero ahora al pobre chico le están practicando cirugía extrema para devolver sus ojos y ano a sus posiciones originales.
Esta noche pasada todo eran pesadillas sobre cocinas, contadores de gas, facturas y demás cosas del mismo tema. Levantándome con sudores fríos ha vuelto cual zombie enterrado hace tiempo que debíamos pedir que nos reparasen la cocina que no superó la última revisión del gas (hace ya 4 meses). Memoria prodigiosa la mía.
Ha tocado llamar a la central de Gas Natural. Rebote al Gremio de Instaladores de Gas y parada final hablando con el Sr.Hidalgo, amable reparador de instalaciones “gaseras”.
El resultado y su veredicto fácil pero caro. No se puede reparar. Resulta que la marca de la cocina – Saivod – es de una empresa que pertenece al Pleistoceno y que encontrar recambios merece contratar a Indiana Jones o Lara Croft. Mejor Lara Croft.
Colleja de Pitufa. Ouch.
Hay que mirar ofertas, ver como nos intentan colarnos “gangas” sospechosas de cocinas supermodernas que funcionan a base de cortar y quemar madera, comunicárselo a nuestro — para que vaya maldiciendo la simpática facturica que va a caerle, la consecuente subida de alquiler que rezo que no suceda, … alegría, alegría.
Petra, mi compañera de piso, entra en el metro después de una jornada agotadora en el metro de camino a ir un poco de compras y relajarse un poco. Vagón lleno de currantes ,como ella, volviendo a casita. Se evade en su mundo pero de pronto:
- Ya tenemos Papa.
¿Eh? Vuelta a la realidad y situarse. Un hombre que a primera vista no parece tener ningún problema de salud mental y que simplemente tiene ganas de hablar. Petra, piensa que debe tener una maldición sobre ella que hace que todo desconocido quiera hablar irresistiblemente con ella.
- Y encima es alemán.
Sonrisa de asentimiento y con cara de circunstancias sale del vagón pensando en que narices ha hecho ella para merecer esto.
Hay que gente que se alegra cosa fina y necesita proclamarlo a los cuatro vientos. Benditos ellos.
¿Alguien con situaciones parecidas?
Ratzinger Z
“El poder, la verdad, el Vaticano puede controlar, ….”
Lo siento pero no me podia aguantar.
Actualización: ya comienzan las coñas
Caspa.tv
Pjorge.com
El blog de Manu
Situación:
Mesa del comedor llena de libros y con las flores del regalo (ver post anterior).
Sujetos:
Ismurg y Pitufa.
Acto:
Pitufa se levanta para mirar la pantalla del portátil apoyandose (o tirandose) en la espalda de Ismurg.
Resultado:
Estar con el secador dandole a las páginas de libros y apuntes para escurrir toda el agua del “florero” que se ha volcado por la maniobra de aproximación.
No hay que lamentar víctimas.
OH! OH! Oh! Quería regalarle a Pitufa unos tulipanes en plan sorpresa al llegar, ya que por Sant Jordi será sábado y no nos veremos. Pero va ella (que le han gustado las flores) y me dice que tiene una sorpresa para mí. Yo ya pensando en cosas un poco picantes pero me dice que es de parte de su mamá (a partir de ahora Mamá Pitufa).
De primero una longaniza, … no…. una LONGANIZA…. no, tampoco…. una SRA.LONGANIZA. Baba por doquier y para rematar mi estado de shock un pastel artesano de chocolate. Ahora ya no se si quedarme con la hija o con la madre. Me cuida y seguro que ha dicho:
- Con lo delgadito que está seguro que tiene que comer más.
Pitufa comienza a tenerme envidia.
Para la fiesta literaria de Sant Jordi he escrito esto:
TENER SUERTE
Nadie sabia que ocurrió por lo rápido del suceso.
Me quedé perpleja con todo el cuerpo tenso. Delante de mis ojos se sobreponía a la imagen que tenía grabada en mi mente con la que estaba viviendo ahora.
Mi compañero Lucas estaba consternado sin saber que había pasado realmente. Se inclinó para ver como estaba y que no me hubiera pasado nada a mí.
Los dos estábamos desorientados por la ruptura de nuestro ritmo habitual diario.
Cada mañana había pasado por allí haciendo siempre la misma ruta acompañando a Lucas en su paseo matinal. Salir por el gran portal de nuestro bloque, esperar a que cierre la puerta sin que encuentre nunca la llave, subir por Pi i Margall, girar en Secretari Coloma para ir al banco mientras me habla del ruido que hay en una ciudad como Barcelona, vigilar que no le atropellen mientras me suelta distraído su discurso, pasar por delante del horno de pan con esos olores de pan recién hecho que me vuelven loca y hacen que paremos para comprar algo, cruzar la calle e ir a nuestra oficina.
Pero ese día cuando todavía saboreaba los restos de mi almuerzo de la panadería estábamos esperando solos ante el semáforo cuando sucedió. Era un día muy poco concurrido de gente y tráfico. Apareció a nuestro lado, haciendo footing, una chica vestida con chandal azul a nuestro lado escuchando música y con cara de pensar en sus problemas. Se paró al llegar a nuestra altura reduciendo su ritmo un momento y sonriéndome cuando cruzó la calle. La atropelló un coche.
No había mirado el coche que venia disparado desde arriba y éste no vio a la chica que quedaba detrás del semáforo y de nosotros hasta que estuvo delante del coche.
Ahora el cuerpo de la chica se encontraba unos metros lejos del coche, en una posición imposible y de su rostro había desaparecido cualquier rastro de la vida que había existido y se había sustituido por una máscara mortecina. No se movió.
Del coche salió la cabeza del conductor con el semblante pálido de terror mirando la escena. Luego su alrededor. Solo estábamos Lucas y yo. Yo le miré fijamente. Con un instinto súbito se sentó de nuevo, cogió el volante y salió acelerando rápido sin mirar atrás.
Cuando llegó a reaccionar mi cerebro, me acerqué a la chica juntamente con el todavía perplejo Lucas y por instinto moví a la chica para que reaccionara. Nada. Luego Lucas comenzó a examinar a la chica descubriendo la realidad que ya sabia yo. Gritó ayuda. Nada. Volvió a gritar. Salió la panadera y el quiosquero. Horror en sus caras. Apartan al ausente Lucas y a mí. El quiosquero, un hombre de sangre fría y mente clara, saca su móvil y llama a una ambulancia. Luego se acerca gente, se oyen rumores. Se oyen voces que reclaman el culpable e interrogan a Lucas preguntándole si puede aclarar la situación. Pero cuando estas voces ven su triste rostro se apagan y quedan en un silencio contenido. La imagen es un círculo de personas silenciosas envolviendo a la chica del chandal, a Lucas y a mí aislando de coches que pitan sin saber que pasa.
Reaccioné acercándome a Lucas tocándole suavemente la mano. Él se levantó y la gente amablemente y con mucha suavidad nos acercó al otro lado de la calle. Yo todavía seguía mirando la escena cuando me estiró de la correa para que le guiase los pasos hasta nuestro puesto para vender la suerte que no había tenido la chica del chandal azul.
Opiniones por favor.