Oh, como brilla la katana en mi mano,
cuando me cargo a la incompetente de la cajera
que habiendo una enorme cola se pone a hablar con la compañera,
Oh, como brilla la recortada en mi mano,
cuando disparo al simpático vecino
que se pone a jugar a basquet cada día a las 8:30 de la mañana,
Oh, como brilla el puñal en mi mano,
cuando se lo clavo al buen profesor
que convierte un trabajo voluntario en uno obligatorio con mínimo de 30 páginas,
Oh, brilla, reluce y acaba con todos ellos.






Bueno, he conseguido apoderarme de la linea telefónica a altas horas para poder ver los 32 emails, 417 noticias por leer y muchas más cosas pendientes que aguardan en Internet gracias a la lejania de mi querida ADSL.