In the train
La situación:
Viaje en tren hacia mi tortura diaria llamada estudios.
Entran dos “retoños” (niña y niño) que simpáticamente se sientan en los 2 espacios libres que quedan al lado de una profesora de francés corrigiendo exámenes y un servidor.
Suceso:
Mientras la madre se ha sentado en otro lado abandonando a sus criaturitas, el niño empieza a moverse como un hiperglucémico, gritar a su hermana, empujar con los brazos, estar a punto de pegarme una leche en la cara al ponerse de pie en el asiento y romper periódicos como si fueran confettis para acabar escupiendo a su hermana.
En ese momento vuestro narrador, dirigiendo una mirada de pH muuy bajo al retoño y gracias a una voz de ultratumba (algunos ya lo conocéis) surgida del frío actual le he dicho:
QUIETO… por favor.
He temido que el niño perdiera el control de esfínteres allí mismo.
La profesora que corregía los exámenes (y con la mala leche que le generaban los niños seguro que había cateado a media clase) se ha limitado a asentir complacida. La madre ni se ha enterado.
Me encanta hacer buenas acciones por Navidad.



Otra vez. Otra locura.
Bueno, aquí viene otra ración de información.
