Ahora que he pasado al turno de tarde he cambiado de bestias a las que enfrentarme. Ahora son los abuelos, esas máquinas sin control que han servido y servirán para inspirar futuras generaciones de creadores de zombies.
Aquí un ejemplo normal:
Ismurg se encuentra corriendo saturado de analíticas y peticiones. El momento perfecto para que la gente le pida cosas a él y no a cualquier otra persona que está sin hacer nada.
- Chss. Chsss. ¡Niño!
Las cremas antiedad y antiarrugas han sido una buena inversión. Aunque un pelín potentes para mi gusto veo.
- Dígame caballero
Hay que ser educado. En los juicios siempre queda bien eso.
- Tengo frío (mirada de “Tu-tienes-la-culpa de eso y todos mis problemas”)
Yo estoy sudando. Pero es lo que tiene si vas con el culo destapado. Por desgracia de los espectadores.
- Tranquilo, ahora le traigo una manta.
Para taparle y hacer del mundo un lugar más bello.
Me voy cerrando la cortina de su apartado:
- ¡Chsss!¡Chsss!¡Tú!
Con tono de voz como si le hubiera robado algo y huyera con el botín.
- ¿Sí?
El tic en el ojo está a punto de aparecer
- No cierres la cortina
Así me gusta, que sea un cotilla que me esté mirando todo el rato lo que hago.
- ¿Así le va bien?
- No tanto.
-¡¿ Y así?!
He movido la cortina, en todo esto, no más de 30 cm.
- Bueno, déjalo (con mirada “Eres inútil y no puedo hacer nada contigo”)
El tic del ojo se ha declarado con todo su esplendor.
Le doy la manta.
Y si señores: no oigo ni un triste gracias. Apuesto que es el primero en pensar que los jóvenes no tienen educación y tratan a la gente mayor mal.