Metáfora
Vamos a explicar como Ismurg se enfrenta a un trabajo con un cliente con una bonita metáfora:
I: – Ok. Así que quiere le haga un vestido de noche. Sin problemas.
C: – Sí. Pero le vas a poner bolsillos.
- Pero… los vestidos de noche no llevan.
- ¿Se pueden poner o no? Porqué tengo unos pantalones con bolsillos.
- Ya, pero no es lo mismo. Además que cuando hago el diseño de un vestido de noche hay una forma de hacerlo…
- Tú ponlos que, al fin al cabo, el vestido es para mí.
- Pero quién diseña…
- Eso, eso, tú diseñas claro. Por cierto, no quiero cremalleras. Son difíciles de usar. ¡Ah! Y mis iniciales bien grandes bordadas en el pecho. Grandes, que se vean. Que siempre se os tiene que decir lo mismo a vosotros.
- ¡¿Qué?!
- Lo puedes hacer rápido, ¿no? No es difícil con esas máquinas eléctricas de ahora.
Ismurg realiza el esperpento. Recibe dos o tres correos para cambiar el color del vestido entero asegurando en cada uno de ellos que no va a cambiar de opinión.
I: Ya está acabado (y mi poco orgullo profesional también). ¿Qué le parece?
C: Pues visto ahora (y sin recordar los mil imágenes previas que me has mandado) no me acaba de gustar. Se ve raro. No parece un vestido de noche. Me habían dicho que eras bueno…
Sres.Clientes: ¡Dejen hacer a cada persona lo que le toca y no vayan jodiendo la marrana! ¡Si tiene la frustación de suspender plástica en el cole no es mi problema!

Los días en que te regalan a ti mismo son días buenos.


¡Aleluya!
La secuencia es ésta: