Kilitos

Recién llegado al hogar de mi infancia en mis inauguradas vacaciones y cumpliendo los rituales de rigor al llegar (“hola mamá“, “no, no tengo novia“, “¿dónde has guardado mi peluche para dormir?“) toca uno que veía receloso hace ya un tiempo.

Tocaba pesarme en esa triste báscula del baño que casi eternamente marcaba sus 66-67 kilos en los últimos 7-8 años. Pero el pantalón corto no mentía y el resultado es evidente: 73 kilos. Éste cambio de aires a Zaragoza ha dado resultados. Toda una sorpresa para alguien como yo que no engordaba ni queriendo y que generaba miradas de odio por parte del sector femenino de mis amistades.

Ahora me planteo, ¿qué hago con este minilorza que generosa se marca a mi alrededor? ¿La mimo como un niño tonto o le hago la guerra con un Abdominator2000? ¿Qué ha sido la causa de tan aberrante modificación en mi divino cuerpo? Dudas y preguntas me asaltan mientras voy hundiendo irresistible y repetidamente el dedo en la neolorza…